Sobre estas líneas se va a procurar llevar a cabo un pequeño
análisis descriptivo-disruptivo de lo que supone la experimentación derivada de aglomerar ejecuciones
dibujísticas sobre la curva que procede de las hipérboles aplicadas a los oxímoros
cotidianos.
Cabe destacar lo mermado de los estudios sobre el asunto,
puesto que los pretendientes de la asimilación parcial, incluso forjando una cuesta
jónica y áurea de lo que supone antropológicamente reducir las directrices de una
funesta asociación de los términos arriba referidos, derivaría en una confusión
disfácil de aclarar.
No nos queda otro remedio que asimilar las limitaciones que
suponen el infinito sobre el caos de las geometrías básicas, una dislexia
perceptiva factible de ser asumida como norma por sociedades en proceso de
divulgación.
Las probabilidades que presuponen son la floritura de aquellos
ejes quiméricos que afianzan el post-deshumanismo primitivo sutilmente renovado
para la ocasión, aunque sea en sus capas más profundas un pequeño lavado de
cara.
Y la cuestión a formular sería, ¿De qué estamos hablando?
El torrente de estímulos con que sobrecarga el barroco
digital a los sujetos perceptibles de empaparse de unas reflexiones
psicoesquizas y poliescéntricas nos sirve de filtro para hallar una línea del
horizonte ondulante que se brinde cual brisa en una piel fresca acalorada.
Cuando se obtiene la capacidad de desgranar la sopa de sobre
que ofrecen los mensajes contemporáneos hay varias opciones a tener en cuenta
como guía para recapacitar sobre su dudosa urbanidad, resultando que sobre aquellas nebulosas más opulentas por las cuales consideramos que nacen las
clarividencias más lúcidas del emisor, advertimos ser de nuevo el prisma de
otra nebulosa madre contenida en la nebulosa hija, con informaciones
hermafroditas producto de las máximas limítrofes que contienen en su vientre
las oraciones nexo.
Podría decirse que el modo de llegar a sus antagonismos son
las puertas lógicas, y los métodos a seguir para obtenerlas como artefacto de
nuestros microensayos espontáneos durante una comunicación, es una lógica
vertida.
En estas estructuras existen dos polos bien diferenciados.
El Polo de calor; donde los mecanismos automáticos de referencias, percepciones
básicas del subconsciente y metadatos implantados por el consumo de productos
audiovisuales hacen aparición; siendo la experiencia comunicativa una simple
alucinación colectiva. No debe ser algo que nos asuste, puesto que antaño esa
capacidad de imitación ha hecho que nuestra evolución se acelerase.
Luego tenemos el Polo frío, donde se mantienen almacenadas
las verdades procurándolas en estado de criogenia por parte del emisor, y se
trata de mantener a los receptores en temperaturas óptimas para que los
marcados y consistentes golpes de información que el emisor proyecta sobre sus
verdades no sean susceptibles de empezar a derretirse.
A pesar de nuestros esfuerzos por perseverar en las creencias
utópicas de la racionalidad absoluta que en teoría derivan en una plena armonía
y felicidad, lo cierto es que al tratarse de extremos que se tocan nuestro
propio yo interior se ocupa de mantener ese sistema de climas de procesamiento
sobre todas las cosas que son necesarias.
Imagen de archivo donde queda demostrado que ya era así de pequeño.