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Este mundo, mientras en una cara brilla
la otra se torna sombra de noche oscura,
la clasificación es cosa inevitable,
no es desdeñable el refugio de criatura alguna.
Sea en letras u otras artes comunicativas,
siendo la pregunta de qué es arte
concepto a tratar en otro momento,
se juntan en estos factores nivel maestro y patetismo,
estando presentes empíricamente en todo creador.
Y como cada persona es un artista en potencia
la crueldad acecha si exigencia grita su nombre,
sirve de impulso ambiguamente
a productos de la decadencia o la superación,
rayando y rallando en la autoestima de algunos.
Por estos motivos como el tiempo es finito para nosotros,
el filtro sedoso de cultura sobrevuela como efigie selectiva
y nos cuelga y clasifica. Como imágenes latentes nuestras
impresiones de lo que nos rodea o preocupa son
analizadas por un ilustrísimo o sus cánceres,
que no son otros que enchufados y esnobs.
Es del conocimiento global que el compendio de
las posibilidades personales de sobrevivir,
(ya no decimos de tener éxito)
no se encuentran sólo en la maestría,
sino también se suman a la estadística los contactos.
Pero cuando las bazas se piensan agotadas
el tiempo como oleada constante vuelve a hacer gordo favor,
hijos de nuestro tiempo nuestra mirada es objetiva,
y aquellos que engañados se engañaron a ellos mismos, a todos
y de otros consiguieron su favor;
en el tiempo se ven torturados y desvalorada su propuesta de antaño.
Y muy al contrario y maravillosamente, este justiciero
con el que nosotros trabajamos por arena en cristal,
por sombras en el sol o minuteros analógicos y digitales,
también nos proporciona vanagloriar la obra incomprendida y pionera
que como una ilusión tachada de loca, hizo moverse a alguien
en una dirección difícil, interesante, admirable y soberbia.
Cabe destacar al afortunado que tuvo todo lo positivo que aquí
se ha comprendido a su favor, ese recibió un baño de luz y oro
que le siguió toda su vida, no es tampoco anodino.
Se cruzan estos senderos al parecer antagónicos
que ahora en el peso de nuestras miradas compensan la balanza,
la misma vara mide sus pinceladas y momentos, dejando
ahora sí en el tiempo un mensaje sagrado los dos.
De los que se engañaron y nos engañaron
no mencionaremos a ninguno, basta con
que sean apremiados con el paso fugaz de
nuestras miradas desinteresadas, ese castigo.
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