2 sept 2011

La obra en el tiempo



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Este mundo, mientras en una cara brilla 

la otra se torna sombra de noche oscura,

la clasificación es cosa inevitable,

no es desdeñable el refugio de criatura alguna.


Sea en letras u otras artes comunicativas,

siendo la pregunta de qué es arte

concepto a tratar en otro momento,

se juntan en estos factores nivel maestro y patetismo,

estando presentes empíricamente en todo creador.


Y como cada persona es un artista en potencia

la crueldad acecha si exigencia grita su nombre,

sirve de impulso ambiguamente

a productos de la decadencia o la superación,

rayando y rallando en la autoestima de algunos.


Por estos motivos como el tiempo es finito para nosotros,

el filtro sedoso de cultura sobrevuela como efigie selectiva 

y nos cuelga y clasifica. Como imágenes latentes nuestras

impresiones de lo que nos rodea o preocupa son

analizadas por un ilustrísimo o sus cánceres,

que no son otros que enchufados y esnobs.


Es del conocimiento global que el compendio de 

las posibilidades personales de sobrevivir,

(ya no decimos de tener éxito) 

 no se encuentran sólo en la maestría, 

sino también se suman a la estadística los contactos.


Pero cuando las bazas se piensan agotadas

el tiempo como oleada constante vuelve a hacer gordo favor,

hijos de nuestro tiempo nuestra mirada es objetiva,

y aquellos que engañados se engañaron a ellos mismos, a todos

y de otros consiguieron su favor;

en el tiempo se ven torturados y desvalorada su propuesta de antaño.


Y muy al contrario y maravillosamente, este justiciero

con el que nosotros trabajamos por arena en cristal, 

por sombras en el sol o minuteros analógicos y digitales, 

también nos proporciona vanagloriar la obra incomprendida y pionera

que como una ilusión tachada de loca, hizo moverse a alguien

en una dirección difícil, interesante, admirable y soberbia.


Cabe destacar al afortunado que tuvo todo lo positivo que aquí 

se ha comprendido a su favor, ese recibió un baño de luz y oro

que le siguió toda su vida, no es tampoco anodino.


Se cruzan estos senderos al parecer antagónicos

que ahora en el peso de nuestras miradas compensan la balanza,

la misma vara mide sus pinceladas y momentos, dejando

ahora sí en el tiempo un mensaje sagrado los dos. 



De los que se engañaron y nos engañaron

no mencionaremos a ninguno, basta con 

que sean apremiados con el paso fugaz de 

nuestras miradas desinteresadas, ese castigo.









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