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Te amparé de compañera
en el hogar de mi deseo,
en la hoguera de los mil maderos
tallados a mi manera,
en la quema del mundo restante
para confort de ambos.
Si dejé algo de piel por sembrar en infierno, fue por error.
Pero mal supe tenerte y peor supe cuidarte,
y te dí de comer de mi pan con piedras.
No me extraña que ahora mellada,
hagas puré de quien venga con
reclamación abierta de tu cariño.
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