24 sept 2008

Los semáforos no dan fruta ni apenas sombra.

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Un nuevo día y ya es otoño,

ya se marchó el calor que atrae a perros dormilones

y ya llega el tiempo de los niños con cometas,

ya se ha ido la minifalda del incesto

y la familia terracita de bar a medio limpiar.


Ahora llega la lluvia de las hojas muertas

que hacen de alfombra mostaza al caminante,

barbas a remojar en el transporte público

y despertadores durmiendo cuando se

marchan sus gruñones dueños;

ya relajadas sus agujas

se acabó su tarea hasta la noche.


Ahora se avivan los humos de los coches,

los ruidos de sus bocinas matan la paz y

sus dueños occisos de sueño luchan por

mirar al frente,

el veneno es religión en mañanas así.


Y mientras...

los vampiros maldecimos,

y usamos tapones de cera.


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