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Un nuevo día y ya es otoño,
ya se marchó el calor que atrae a perros dormilones
y ya llega el tiempo de los niños con cometas,
ya se ha ido la minifalda del incesto
y la familia terracita de bar a medio limpiar.
Ahora llega la lluvia de las hojas muertas
que hacen de alfombra mostaza al caminante,
barbas a remojar en el transporte público
y despertadores durmiendo cuando se
marchan sus gruñones dueños;
ya relajadas sus agujas
se acabó su tarea hasta la noche.
Ahora se avivan los humos de los coches,
los ruidos de sus bocinas matan la paz y
sus dueños occisos de sueño luchan por
mirar al frente,
el veneno es religión en mañanas así.
Y mientras...
los vampiros maldecimos,
y usamos tapones de cera.
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