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La depresión, ese declive es un satélite sobre determinados individuos.
Yo, que me encuentro entre ellos en desafortunadas ocasiones,
puedo decir en mi experiencia algo sobre su trayecto.
En su viaje dibuja una elipse, crea aproximaciones y se aleja para el
antojo de algo que como la ciencia, a nos se nos escapa por falsable.
En algunas situaciones que no recuerdo haberlo avistado nunca
cabalgo sobre maquinaria pesada alegremente.
Mis caballos pisan las cenizas del paisaje
y peinan todo en llamas y chatarra
¡La construcción en la destrucción!
la creación en la angustia, esa es mi paradoja
cuando cojeo de ceguera,
cuando cojeo de ceguera,
alimentarme de mi sufrimiento hasta reventar.
Inútil apostador,
estoy subido a un trono de humo que nada me deja ver.
Paseando una y otra vez por aquéllos páramos que mi animal pisó,
en algún momento y como es natural en todas las cosas
la parte olvidada se subleva como un pueblo resentido,
el desánimo renace en fénix sobre el paraje desertizado
que es parte de la criatura, y de sus adentros brotan lo sembrado.
Mi país, mio mismo; yo mismo el obrero y yo mismo el tirano.
Ése ave macabra, marca profunda y extensamente su sombra
por el llano para preparar su despegue,
alza el vuelo al encuentro de una carnicería existencialista.
Sus batientes alas foguean llamas tan concentradas
como un Sol adelantándose a nuestra Luna,
yo en mi propia inopia acelerada sigo inconsciente
camino hasta que se agotan mis ganas,
y esa energía me acecha por la espalda,
me sobrevuela como buitre para la ocasión.
Al igual que un corredor de fondo que va primero
sucede que al verme rebasado apabullantemente,
no consigo mantener la moral del ganador
porque me la han robado completamente_
_y por esa razón como castillo de naipes que se
derrama, empieza el desplome desde el cerebro
contaminando la razón y lo físico.
Suponiéndose un gen completamente invasivo e imperante,
su fuerza conquistadora acaba superpoblando mi carácter
haciéndolo poco a poco débil, consumido y oscuro.
Dejando que el buitre me devore y yo mismo roo mis huesos.
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Más adelante, esperando que algún día el animal
defeque lo poco que pueda quedar de mí,
imploraré a la suerte para caer sobre un tiesto,
un parque, cordillera o lugar con vegetación,
procurando crecer sobre mi nuevo "yo" de tallo
frágil y tierno. Hasta que no vuelves a crecer,
muchas suelas te pueden pisar intencionadamente.
Si la fortuna no me acompaña, no procede,
tal vez acabe en un carril de grava esperando ahí deslucido
la nueva llegada de este concepto triste.
Como un pentimento sobre cuadro negro que renace de su
cautiverio técnico para mostrarse de nuevo florido error
ante el espectador; ese mismo que está dentro del cuadro
y que nunca ha olvidado que él mismo se retrata en fallo.
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