*
Los nombres, esa etiqueta,
cuando yo era pequeñito no
quería llamarme Sergio, Sergio,
Sergio, Sergio, estaba confuso,
no tenía referentes, nadie se llamaba así
y me alarmaba por alguna extraña razón,
aparte, tampoco guardaba semejanzas a mis padres
ni mis familiares, ni física ni espiritualmente,
así pues, yo me llamaba Sergio y no entendía nada.
Y ahora al abrir la ventana escucho a una mujer
gritar mi nombre y en pantalla cinemática aparezco
en mi cerebro, pequeño, con mofletes y dolencia en la mirada,
abstraído, delicado e inocente, pero con verdades a cuestas
que no comprendería hasta bien grande, pero respiro.
Y es que era azul, y luego rojo, ahora tengo una paleta.
Y como comprendo, no es a mí a quien llaman, o sí,
tal vez me llaman sin saberlo y yo respondo en círculo cerrado,
porque qué sabemos de las posibilidades, sabemos de
intenciones, ella tenía la intención de llamar a su hijo,
su mensaje traspasó la lógica, eso que todos tenemos,
e impactó en otras dianas,
en el nombre de pila, eso que tenemos y no elegimos.
*
*