27 sept 2009

Lecho del amanecer tardío.


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Me he levantado de mala manera hoy.

¿Eres mis ramas en ingertos con tus raíces?

agradezco que hayas dejado caer mis hojas

por el suelo, que mis hojas vuelen lentas

hasta su final en el piso para nutrirme de nuevo,

los demás son los otros, los otros son inútiles,

todo es inútil en este intangible detritus.


Ya llega la tormenta y la escucho caer, sabes que

me pertenecen los truenos, que adoro el renacer, 

la querida lluvia nos mojará los cuerpos desnudos, 

en mi casa azul oscuro ya ha llovido, sin tapujos, 

sin más armonía que la piel,

sin más racimos que los que aportan nuestros sexos,

nuestra hambre de consuelo para la tranquila estancia,

el olor a cerrado y que ahora abrimos.


Nuestras cremalleras custodian la gracia del silencio,

tienen guardado todo el sabor de una noche de cálidos.

 
Nuestra boca tiene por clero recibir todo y nada más,

y ese es mi único consuelo, mi vida resumida en un suspiro,
 
fragancias voluptuosas por calurosos cariñitos durmiendo,

el abrazo a mi redención,

inviernos abrigados repletos de años enteros, de calmas.




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